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Juega con su sombra
30 de Diciembre 2011 a las 10:15 AM
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"Sherlock Holmes: Juego de sombras" es una película que tendrá dos puntos de vista para todos: el de los que prefieran la primera y el de los que reconozcan que esta película es muy superior a su predecesora en todo, trama, vestuario, maquillaje, ni que decir del villano, más a la altura de Holmes.
En esta segunda entrega, Ritchie se muestra en plena forma y es incapaz de provocar un sólo bostezo. Guy Ritchie pone su creatividad al servicio de un sentimiento general que oscila entre el cinismo, la insolencia y la fatalidad. Cabe destacar que el cine de este inglés inspira una simpatía que va más allá de sus méritos como narrador.
Hay que entender que a los que se ponen firmes, en primera posición de saludo, cuando se habla del Holmes de Basil Rathbone, la versión de Ritchie les provoque ansiedad o rechazo. Pero creo que sus méritos son suficientes como para no despertar las iras de los holmesianos old style, que pueden disfrutarla como un cómic muy meritorio.
En realidad, "Sherlock Holmes: Juego de sombras" es aún mejor que su predecesora, y su relato está mejor tramado. Por otro lado, el villano James Moriarty tiene una estupenda encarnación en Jared Harris, y eso aumenta el vigor de esta entrega, basada precisamente en su rivalidad con el irresistible y libérrimo Holmes que nos brinda -una vez más, y demos gracias por ello- Robert Downey Jr.
Corresponde a Moriarty la habilidad de urdir, desde su refugio en Oxford, un plan que conducirá a una guerra catastrófica. Para lograrlo, se vale de un complot anarquista sumamente elaborado, que a más de uno le recordará las películas de James Bond.
Sobre todo en su cierre, el guión se inspira en el relato "El problema final", que podemos leer en las "Memorias de Sherlock Holmes". Por supuesto, aquí hay mucho de invención, pero sin enfadar al difunto Conan Doyle. En realidad, la impresión es de que don Arthur no se habría sentido demasiado molesto ante esas libertades que se toman Ritchie y los suyos.
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